Lazarillo de Tormes [Estas páginas sólo son accesibles para los coordinadores de talleres, grupos y clubes de GLLE]

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Las literaturas del mundo han comenzado con relatos e historias acerca de unos orígenes heroicos. Dichos relatos se llaman “épicos”, y “épico” es un adjetivo derivado de un vocablo griego, épos, que significa “historia, palabra, relato”. La épica presenta los grandes hechos heroicos, originarios de los pueblos y sus lenguas. Eso son la Ilíada, de Homero o La Eneida, de Virgilio, o el Mahabarata hindú y el poema de Gilgamesh en Sumeria [redirige a Épica, a Homero, Virgilio]. Se trata de obras, casi siempre en versos de arte mayor [redirige a la obra de consulta de Tomás Navarro Tomás]

Nuestro libro, el Lazarillo de Tormes, es lo contrario de una épica: la historia de un anti-héroe llamado Lázaro y nacido en el río Tormes [coordinador: ¿por qué en el río, y no junto, en la zona ribereña? Respuesta: nació en un molino cuyo piso estaba sobre el río. Es una metáfora para señalar sutilmente que ni siquiera pertenecía a ninguna tierra sino a la corriente de agua: a nada], de modo que su nombre, Lázaro de Tormes, no tiene la aspiración de hidalguía que pareciera por el artículo “de”. 

La suerte, o la pobreza, llevan a un camino de sucesivas servidumbres: un ciego, un clérigo, un escudero, un fraile mercedario, un buldero, un capellán y, finalmente un alguacil. No es el camino del héroe, ni sus acciones cambian o conforman la historia, excepto la suya, pero ni siquiera puede ostentarse como dueño de su vida o sus decisiones: escribe la carta, su deposición, como una apología en su porpia defensa, para conservar la poca felicidad que ha conocido.

Se ha discutido mucho acerca de si el Lazarillo es una novela o se trata de una epístola, cuyo (ficticio) objetivo era más cercano a la deposición, o declaración jurídica, esto es, frente a un juez o tribunal que ha de deliberar en consecuencia.

No es una discusión ociosa: el mismo dilema se presenta con otras obras de suma importancia, y muy distintas. Por ejemplo: La Historia de la Conquista, de Bernal Díaz del Castillo, que es al mismo tiempo el relato, en primera persona, de los acontecimientos, y un alegato jurídico cuyo objetivo era validar su propio lugar como soldado de la Corona y sobre sus legítimas propiedades.

No nos preocupa, con el Lazarillo, si tiene éste o aquel propósito: Nos interesa su carácter expresamente literario. En todo caso se trata de una obra maestra de la imaginación, que transforma la literatura medieval de los “ejemplos” en una narrativa autobiográfica que, si bien es ficticia, muestra una realidad concreta.

Se trata de un género nuevo en la historia de la literatura: la novela picaresca.

Es realista, incluso “verista” [redirige a Wikipedia]

 

 

Temas: la historia de los que no hacen la historia. Los ejemplos ya no son al modo de los libros medievales de ejemplos morales sino dispuestos en una narración autobiográfica: ¿confesión, explicación, súplica? Un tema puesto de relieve por el Humanismo

Materiales de apoyo y pedagógicos.

Hay muchas ediciones del Lazarillo de Tormes. Recomendamos estas tres:

Clásicos Castalia. Edición de Aldo Ruffinatto.

Editorial Cátedra. Edición de Francisco Rico.

Las ediciones de la Real Academia de la Lengua Española, o sus correspondientes. La de México.


Fichas de preguntas para la conversación.

¿Qué hace de la picaresca un género distinto de otras literaturas burlescas, satíricas o sarcásticas?

En primer lugar, la raíz misma de lo risible no está, a diferencia de aquellos otros géneros y estilos, en lo chusco o lo ridículo (tema de la comedia, desde siempre: desde Aristófanes hasta Molière, que se hallan en esta misma colección de Grandes Libros, por ejemplo); en la picaresca, la risa tiene un sesgo fatalista, que casi siempre se liga a las situaciones más dolorosas o lastimeras. No es literatura que busque la burla sino algo más cercano a una compasión, digamos, “salpimentada”. Es, como dijo algún escritor: la risa del estoico, o el llanto del epicúreo.

¿Por qué permanece anónima una obra que tuvo un gran éxito desde su primera aparición?

La verdadera respuesta es que no sabemos. Podemos, sin embargo, imaginar respuestas articuladas. En la obra aparecen personajes, sobre todo los clérigos –el cura, el fraile, el buldero– de conductas reprobables y hasta criminales. De ahí, las distintas censuras que sufrió la obra. Su autor no sólo podía ser censurado sino reo de causas penales, frente a la justicia civil y frente al fuero eclesiástico. Esto ha hecho pensar que su autor debía ser un hombre de iglesia. De ser así, se entiende perfectamente su voluntad de secreto, aunada a un apremio moral de señalar que los propios procesos jurídicos de la Iglesia pueden ser opresivos. No solamente por los ejemplos burlescos ya mencionados sino por el final de la obra: si resulta cómplice de los vicios del obispo, Lázaro perdería todo, incluida la libertad.

Pero la enorme calidad literaria de la obra fue suficiente para mantenerla viva. También para no dejarnos en paz con esa pregunta: ¿Fray Juan de Ortega, Diego Hurtado de Mendoza, alguno de los hermanos Valdés o incluso Luis Vives? La cuestión sigue dando trabajo a los investigadores. Tal vez alguno logre resolver el asunto, pero, aunque no se resuelva, tampoco perdemos nada.

Punto de conversación: el Lazarillo de Tormes puede juzgarse como obra de estilo renacentista (su técnica narrativa y sus recursos literarios son modernos; la suposición de referirse a un lector también asume un mundo en el que existe la imprenta). Sin embargo, su sensibilidad es

A diferencia del resto de Europa, donde la nueva moral renacentista fue un cisma fuerte, los renacentistas españoles conservan una arraigada estructura moral proveniente de la tradición católica medieval.